jueves, 21 de diciembre de 2006

Danza, Danza, dulce bailarina

Se acerca la navidad y ella la espera con ansiedad, intentando descubrir su futuro.
De fondo se escuchan los sonidos característicos, las notas musicales de los villancicos que llegan de la calle, surfeando por el aire, tratando de llegar a todos los corazones, pero en su alma, no consiguen entrar, se pierden en la oscuridad que la envuelve.

Se encuentra sola y abandonada, encerrada en su pequeña cajita de madera, esperando que alguien la descubra y vuelva a tener sentido su existencia, mientras espera tumbada, reposando en su lecho vacío, y evocando los recuerdos de tiempos mejores, cuando sus vestidos resplandecían como el oro y podía empaparse de belleza bailando entre los espejos, con su propia melodía, y no esas empalagosas que ahora tenia que oír.

En su viaje por el sendero del tiempo, ha acompañado a muchas jovencitas, algunas eran inocentes niñas que la confiaban sus alhajas de juguete, trozos de plástico donde residían sus sueños y risas.
Otras eran pequeñas señoritas, confiadas de su eterna juventud, dispuestas a comerse el mundo, y ella custodiaba sus adornos y maquillajes, con los que se enfrentarían a la vida.
Y también tiernas flores que empezaban a descubrir los sentimientos, y que la hacían participe de sus secretos mas íntimos, leyéndola una y otra vez sus diarios, pidiéndola consejos imposibles, que deseaba gritar al viento, impotente en su callar.
En todos los casos, ella las recibía danzando alegre, haciéndolas olvidar por momentos las tristezas que aun no comprendían, y regalándolas un refugio donde jugar a las princesas.

Su caja es de madera vulgar, y no esta muy trabajada, por lo que nadie sospecha la antigüedad que tiene, y la olvidan en el fondo de la tienda, pero ella ha pertenecido a tantas muchachas que la cuesta seguir la cuenta, pero es navidad, y ve entrar a la gente, a padres ilusionados que buscan regalos para sus hijas, y por fin, un atribulado señor, ya mayor, y visiblemente cargado con el agobio de la escasez de dinero la escoge, sosteniéndola entre sus manos castigadas por el trabajo.
Cuando al levantar la tapa puede volver a bailar, tiene miedo de que se le haya olvidado el conjuro por el que llegar a los sentimientos de la gente, pero enseguida, mientras gira ve reflejado en los espejos la chispa en sus ojos, la imagen almacenada en la retina de la que será su nueva dueña, y sabe que la noria ha vuelto a girar para ella, que volverá a cumplir su función, y su danza se torna mas alegre todavía si cabe.

Es navidad y ella será el regalo de una nieta adorable.

3 comentarios:

Rocío Segovia dijo...

Gracias por pasarte por mi blog. Como ahora estoy bastante cansada y tengo mucho sueño, prometo leer tu blog mañana, sin falta. Y de paso, te pongo en favoritos.
¡Un saludo!

Edulcorada dijo...

Esos regalos son sin duda los mejores, los más especiales.

Espero que la bailarina nunca deje de bailar.

629 dijo...

Tierno.Muy tierno.
Me gusta Kaos.