jueves, 22 de febrero de 2007

Al final del camino

Era una de esas noches, en las que sabes que cualquier sitio sería mejor que en el que te encuentras y que mejor harías en no ver lo que tus ojos te muestran

La humedad calaba hasta los huesos haciéndolos quejarse a cada movimiento y el frío hacia que el cuerpo entero temblara, por más prendas que uno colocara sobre sus hombros.

En esas condiciones poco podía empeorar la situación de un viejo policía, a 6 meses de su jubilación pero obligado a patrullar en la calle debido a la incontinencia de su lengua, la cual tenia la molesta costumbre de no soportar al nuevo capitán, un engreído criajo, apenas recién salido de la academia y sin conocimiento alguno de la vida o de la gente, que estaba dejando que el departamento se hundiera en el fango, gracias a sus galones de aula.
Su escaso tiempo de aprendizaje en el escalafón no justificaba su meteórico ascenso.

Aun así, la fatalidad es capaz de casi cualquier cosa, y de nuevo lo había logrado, por que desde luego, ver como una grúa sacaba del fondo del río el coche de Jimmy “el soplón”, no era un gran espectáculo, en especial si su cuerpo ocupaba un asiento y su cabeza otro.

No, desde luego no era una escena agradable, ni para su estomago, donde aun ardía la cena, ni para la ciudad. Quien hubiera hecho eso, no pretendía esconderlo, de hecho, apostaría su futura pensión a que había sido la misma persona que les aviso de donde ir a recogerlo.

Aunque ya no ejercía de confidente, en otros tiempos su ayuda les sirvió para cerrar muchos casos, y tras una operación estética cambió de vida, pero siempre reconocería a un amigo, y más si llevaba la foto de su antiguo rostro en el regazo

La desconfianza que generaría este acto les dejaba sin informaciones fiables sobre lo que se cocía en los bajos fondos y desde luego era inútil buscar pistas en el coche. No había suficientes manchas de sangre en la tapicería como para que el crimen se cometiera allí mismo, y el agua habría borrado cualquier tipo de huella. Sin embargo, el capitán se volvería loco, así que mejor seguir con toda la costumbre habitual o le enterrarían bajo impresos hasta que olvidara su nombre.

Sin embargo, según cumplía con la rutina, uno de esos palpitos de perro viejo le obligo a detenerse. Sabía que el capitán le haría arrepentirse y que los próximos 6 meses estaban a punto de convertirse en el mismo infierno. Pero cuando has vivido toda tu carrera confiando en el instinto es prácticamente imposible dejarlo de lado si te llama estrujándote las tripas.

Dejando que uno de los novatos se encargara de todo, condujo hasta el viejo refugio de Jimmy, antes de que sus soplos le concedieran indultos del departamento fiscal, se escondía en un antiguo almacén olvidado.
En aquellos tiempos, aquel muchacho era un proscrito tanto de un bando como de otro, y fue cuando se forjo su amistad, en aquel oscuro zulo, que solo conocían ellos dos. Nunca se lo contó a nadie, y estaba seguro que él tampoco, siempre lo llamo su escondite de emergencia.

No tenía motivos para pensarlo, pero presentía que si Jimmy conocía que estaba en problemas le habría dejado algún tipo de mensaje allí. Donde solo alguien de su confianza podría verlo.

En el camino su busca sonó repetidamente, media central debía estar buscándolo por haber desaparecido en horas de servicio. Genial, justo lo que le hacia falta para terminar de alegrarle la jubilación.

Una vez allí, el lugar seguía tan abandonado y silencioso como siempre, oscuro como la entrada del infierno. Si te dejaban allí tirado, podrían pasar años hasta ser descubierto.
Un escalofrió le recorrió la espalda al correr el portón, no solo por el estridente chirrido metálico, sino también por ver que el polvo del suelo había sido removido.
Evidentemente alguien había dejado sus huellas y después limpiado su rastro, seguramente con un montón de ramas amontonado en la puerta.

Si habían sido tan cuidadosos no servia de nada buscar un resquicio de información en esas huellas, y corrió hacia el escondite, temiendo lo que pudiera encontrar allí.

Se trataba de un cuarto de limpieza escondido, cuya puerta había sido reforzada y camuflada con la pared, para hacerla casi invisible, y que se había conectado con el sistema de ventilación para poder respirar durante prolongados periodos.

Al activar el resorte y escuchar el leve chasquido de la cerradura se percato que allí el trabajo de limpieza había sido más meticuloso, no solo en ocultación sino también en generar una pista falsa hacía las escaleras, lo que en parte le tranquilizo. Aun así, tras entrar cerro la puerta, temeroso sin saber de qué.

Una vez más no pudo más que agradecer a su instinto de viejo sabueso, ya que encima de una desnudo colchón había un gran sobre repleto de papeles y que parecía ser bastante reciente, ya que no estaba cubierto de la uniforme capa de polvo.

Cogerlo le provoco un espasmo casi sobrenatural, creciendo de estomago y cristalizando en su garganta, apunto de hacerle chillar de puro nervio, pero estrellándose contra su férrea voluntad. Sabia que lo que allí se contenía había causado ya una muerte esa noche, y no dudaba que si manejaba mal sus cartas, sería el siguiente, pero se lo debía al bueno de Jimmy. Le había prometido protegerle, que nunca le alcanzarían, y ahora tocaba responder al fracaso de su promesa.

La lectura de aquellas fotos y papeles no le ayudo a tranquilizarle, al revés, necesito tomar asiento en el vetusto colchón para recobrar el aliento.

Tan solo 6 meses más de tranquilidad y habría ido a soleadas playas donde reposar sus últimos años, un merecido retiro para dedicarse a sus hobbies, y ahora esto amenazaba su existencia, fuera cual fuera su decisión.

En aquellos papeles se encontraban las pruebas que implicaban al nuevo capitán en la trama mafiosa de la ciudad. Él había sido quien vendió a su amigo. Él estaba clavando con su suela el cuello del departamento en el pantano.

Casi deseaba olvidarlo todo y dejar pasar el tiempo, pero sabia que los fantasmas no le dejarían descansar tranquilo. Debía hacer llegar todo a la luz, protegerse haciéndolo publico para no ser el único objetivo y desaparecer lo antes posible.
No podía confiar ni en los programas de protección que habían demostrado tener puntos débiles.

Maldición, y lo peor es que después de tantos años se había quedado sin el tradicional mechero de plata del regalo de jubilación.... en fin, esta se la debía a Jimmy, y que demonios, iba a disfrutar viendo la cara del renacuajo en la tele, cuando le sorprendieran para detenerlo.

3 comentarios:

La cónica dijo...

Quiero saber qué pasa después, qué pasa antes. Como siempre. Una novela ya!

¿Por qué a los policías que están a punto de jubilarse siempre les cae un marrón de despedida?

Los que he conocido en las pelis, casi siempre prefieren el marrón a jubilarse tranquilamente...

Sospecho que la jubilación es un adiós a la vida conocida, y quieren seguir viviendo peligrosamente, sin ceder a rutinas a las que no han cedido en su vida.

Besos

La cónica dijo...

Por cierto, me ha encantado el detalle del mechero.

Kaos Baggins dijo...

jajajajaja
desde luego lo de la jubilacion de los polis es un topicazo que te pasas de la serie negra, y lo del mechero ya es clasicazo donde los haya :D