miércoles, 7 de febrero de 2007

Un ultimo anochecer

Golpeo el cristal sin convicción, intentando abrir la compuerta sellada herméticamente, por mucho que sé con seguridad que es imposible sin la intervención desde dentro de algún tripulante o del ordenador central.
En el interior, esos dos puntos rojos me observan fijamente, sin demostrar compasión alguna, lo cual es normal si tenemos en cuenta que no son más que los sensores ópticos del autómata de a bordo, la representación móvil de la computadora.

Pero entonces, por qué creo ver como tiembla la intensidad de la luz, por que al mirarlos, se me transmite un frío sentimiento, impregnado de soledad, decepción, pero también de ira y rencor. Podría llegar a pensar que la cercanía de una muerte segura me esta volviendo loco, si no fuera por los recuerdos recientes que se agolpan en mi cabeza, y que me demuestran que la frontera entre lo imposible y la realidad es una cortina de fina gasa, por la que es más fácil escurrirse de lo que pensamos, pero sin retorno aparente.

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Al comenzar el viaje era el encargado de operar con el gigantesco ordenador central, un prodigio de la tecnología que se encargaría de casi todas las operaciones rutinarias y de navegación, por lo que nuestras actividades se limitarían prácticamente a controlar su funcionamiento, hacer algunas reparaciones y concentrarnos en nuestros experimentos científicos, pasando los resultados a la tierra.
Por algún motivo empatizaba mejor con la inteligencia artificial que mis compañeros, pero no me preocupa, estaba acostumbrado a estas tareas, y no me llevarían demasiado tiempo, o eso pensaba yo.

La primera sorpresa fue abrir los contenedores donde se suponía iba a encontrar los materiales de mis experimentos, y ver un bonito puzzle de piezas rotas. Algún incompetente había olvidado cerrar los anclajes de seguridad, con lo que me aseguraron unas emocionantes vacaciones en el espacio sin trabajo que realizar.

El exceso de tiempo libre lo fue ocupando la computadora, con la que pasaba más horas que con el resto de la tripulación, programando rutinas y mecanizando sus tareas hasta perfeccionar todo lo mejorable. La soledad me estaba desquiciando al punto de que empecé a llamar a esa fría maquina con el nombre de una de mis exnovias del tiempo de la universidad, y mis contactos con el resto de la tripulación se fueron reduciendo, convirtiéndose en discusiones al hacerse mas difícil la convivencia con ellos.

Me fui convirtiendo en un ermitaño dentro de la estación, sin extrañarme en absoluto de que hiciera semanas que no veía a algunos de mis compañeros.

Una noche, o mejor dicho cuando pensaba que era de noche, pues ya no distinguía las horas del día, vi a uno de mis compañeros al fondo del pasillo, el mas joven de ellos. Al levantar la mano para saludarle atraje su atención y comprobé sorprendido como el horror se dibujó en su rostro, y nerviosamente giró para huir de mi.

Corriendo tras el, le pedí que parara y explicara su comportamiento, pero sus incoherentes gritos me dejaron perplejo. Pedía, mas bien suplicaba que no me acercara, no quería terminar como los otros, sino volver vivo a la tierra.

Intrigado por sus palabras y su actitud, le deje marchar y busque a los demás tripulantes, pero sorprendentemente no parecía haber nadie mas en la nave. Mi anterior indiferencia hacia ellos había anestesiado mi capacidad de relacionarme, pero ahora, la aparente certeza de una soledad repentina golpeo mis nervios, junto con el misterio que implicaban estas desapariciones en medio del espacio.

No tenia sentido, no había done ir o escapar, cómo era posible salir de allí. En medio de un ataque de pánico acudí a la computadora, ordenándole que localizara a todos los organismos vivos a bordo, pero el mapa indicaba un solitario punto en mi ubicación. Imposible, gritaba la parte racional de mi mente. Todos están muertos, susurraba mi inconsciente.

Sin embargo, acababa de cruzarme con uno de ellos, aunque solo fuera él, debía de encontrarse allí, por mucho que hubiera corrido debía estar en la nave. Mi siguiente orden a la computadora fue mas precisa, debía mostrarme la ubicación del investigador que acababa de huir de mi, y la respuesta aun más aterradora que todo lo vivido hasta ese momento.

Una imagen apareció en el terminal, con aquel desdichado muerto entre los brazos robóticos de mantenimiento. Fría maquinaria totalmente manejada por la propia computadora central. Me fui retirando, con la mirada fija en la pantalla, hasta que mi espalda golpeo contra uno de los cuerpos mecánicos que permitían a esa bestia cibernética gestionar la base. Impactado por los descubrimientos golpee estérilmente sus planchas metálicas, pidiendo explicaciones, mas al destino que a la propia maquina.

Entonces, la gélida voz de la maquina respondió, demostrando imposibles avances en su inteligencia artificial. Hablaba con la personalidad que le programé, la de mi antigua compañera, celosa patológica, comunicándome que por fin nos encontrábamos solos, que había eliminado a todos los que nos apartaban y que éramos libres al fin.

Mi mente estaba a punto de explotar por las revelaciones que no alcanzaba a comprender, pero en un arranque de furia, logre esquivarla y correr hacia la escotilla de salida, sabia que la computadora nunca me permitiría reprogramarla, así que jugué mi suerte a una carta desesperada, el panel de control manual situado en el exterior de la nave.
Nunca entendí su funcionalidad, hasta ese momento, se trataba del único interfaz con el núcleo cibernético de la nave que no estaba controlado por la inteligencia artificial y podía atacar su integridad.

Una vez fuera, en el frío espacio y tras cerrar la compuerta, vi aquel robot entrar en la cámara de expulsión y soltar de sus anclajes el cordón umbilical que me unía a la nave

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Ahora me veo apartado de cualquier esperanza de regreso, con el soporte vital suficiente para unas ultimas horas, mientras desactivo manualmente la computadora a través del panel de emergencia.
Tras completar las secuencias de apagado la nave queda a la deriva, hasta que desde la tierra descubran la falta de comunicación y suban para investigar, pero ya será tarde para mi y el resto de la tripulación.

Rodeando la nave, observo como el sol se pone, ocultándose tras la tierra, en un ultimo anochecer.

2 comentarios:

Rocío Segovia dijo...

Me gusta, como el resto de escritos que encuentro cada vez que me meto en tu blog. Un saludo!

Bea dijo...

Me has dejado impactada... qué bueno! Me vais a enganchar a la ciencia ficción ;)
Besos