sábado, 3 de noviembre de 2007

Nieblas de avalon



Nieblas de avalon, que crueles me cercáis.
¿qué razón os di para que me amenacéis con las emponzoñadas lanzas escondidas en vuestros jirones?
Me impedís salir del pantano en el que me ahogo,
¿pero cómo culparos? si yo mismo corro a ensartar mi corazón en las espinas de la flor mas bella.
Hasta no oler el aroma de sus pétalos, no encontraré el sagrado cáliz donde depositar la ofrenda de mi alma, que perpetúe su belleza en mi mente.
Por vos, mi reina, entrego mi sangre y razón.

Es posible que las lagrimas del amor no sean las más dolorosas, pues las superen las del olvido, pero si las que más escuecen.

2 comentarios:

La cónica dijo...

Os expresáis como un caballero de otro tiempo. ¿No os habré visto, por ventura, en Silves?

Una lágrima no es comparable a otra lágrima. En todo caso, lo mejor es lavarse la cara "a chapotás". Llorar hasta el desconsuelo, hasta el agotamiento y hasta quedar dormido, engendra sueños amargos. Para borrar las huellas de las lágrimas, buenos son los besos, las caricias y los abrazos. Mejor amigos que amantes.

En todo caso, esto es automedicación. A mí me va bien, pero si tienes una receta, sigue la receta, claro.

Kaos Baggins dijo...

en silves todavia era un humilde paje, pero la fortuna me favorecio en las justas
jejejeje

aunque mas bien debo haber visto demasiadas veces excalibur jejeje