miércoles, 9 de enero de 2008

Antorchas de tinieblas

Un año después termino la historia, como avisaba entonces.
Al fin te devuelvo el guante, 629.
Espero haber sido capaz de sorprenderte al esperar para soltar el ultimo giro, aunque lamento que con el trancazo que llevo no he podido terminar de revisarlo

Alas de fuego
¿Jaque mate?

y claro, con que otra cancion podria compañarla (gracias a Pili B por recordarla hace un año)


Tras huir durante un año debería haberme acostumbrado, pero cada vez que un ruido invade la oscuridad donde me escondo siento un terror tan puro y animal que amenaza consumirme, al igual que el primer día.

Todo un año alejado de mi familia, dudo que ellos me añoren o siquiera me recuerden, pero yo los extrañe cada día, como pensaba que ya no era capaz, mientras vagaba sin rumbo, descubriendo emociones vetadas, enseñándolas y añadiendo a su estela a los liberados esclavos.

Por que es lo que éramos, esclavos de nosotros mismos, tras soldar nuestras almas a circuitos inteligentes, sustituyendo sensaciones por estímulos eléctricos y otras sustancias.
Ni siquiera la carne resistió el avance de la plaga metálica y la mayoría estaban mas cerca de los robots que de la humanidad, fríos e impasibles ciborgs.

No podemos escudarnos en la ignorancia, éramos conscientes de cada profanación, pero nos refugiábamos en la seguridad, la uniformidad, la longevidad, cápsulas de un lento veneno envueltas en seda.
Olvidados los riesgos, con vidas mas largas que nuestra capacidad de disfrutarlas, nos rendimos a las voluntades dirigentes.

Resuelto el hambre mediante implantes cibernéticos que sintetizaban energía eléctrica, y perdidos los instintos mediante la química, perdimos también el ansia de superación ante la falta de retos, la individualidad se diluyo en el colectivo.

Si, olvidamos las guerras y las fronteras, no hacían falta cuando las maquinas administraban los destinos, pero no fue por convicción, sino por desidia, lo que lo convirtió en una victoria hueca.

Y lo más importante, dejamos de soñar y amar.

Hace un año, en medio de las instalaciones que ahora observo tropecé casualmente con un diminuto vergel oculto, repudiado y convertidos sus alrededores en secciones botánicas, experimentos para la producción de nuestros elixires del sueño perfecto.
Miedos del pasado encarnado en aquel que allí encontré.

Me mostró a lo que habíamos renunciado, en una experiencia traumática, y me explicó que aun estábamos a tiempo de vivir, pero con una advertencia, y es que siempre hay reglas, tan solo un año de tiempo.

Hoy dudo que aquel encuentro fuera realmente fortuito, pero durante este año me convertí en su profeta, despertando a los durmientes de sus pesadillas inocuas, gente que se limitaba a cargar sus baterías, producir en las fabricas y volver a enchufarse para reponer su energía.

Somos pocos aun, y han debido vencer prejuicios y bajas, muertes olvidadas, costumbres y leyes añejas e inmovilistas, temerosas de nuestras intenciones.
Pero ahora vuelven a reír, a llorar, a jugar con hijos de cuerpos menudos y siglos de edad, a quienes el gran cambio les atrapo en eterna infancia.
También han vuelto a rebelarse y soñar con metas imposibles, pero sobre todo, han vuelto a amar, y los primeros niños nacidos desde que nadie recuerde nos dan fuerza para continuar.



El ruido metálico de las ruedas implantadas en el operario de limpieza me despierta, aquel fue mi puesto, y ahora debo esperar a que pase lejos para introducirme silencioso, evitando los drones de vigilancia, multiplicados en los últimos meses, y vuelvo allí, aquel lugar con aroma a tiempos distintos, una pequeña cápsula del tiempo, de vegetación libre y aquella figura de roca esculpida.

Aunque entonces no lo entendí, se trata sin duda de un ángel, con su semblante orgulloso, su mano al cielo y las alas desplegadas.
Clama hacia arriba, pero sin suplicar, digno en su posición, aunque baje a tocar el suelo, sin duda para ayudarnos, para librarnos de nosotros mismos, reprochando a las alturas el destino al que se nos dejo caer.


Una risa rompe el silencio, y me aterra pensar que puedo haber sido descubierto, pero no, es quien me mostró el camino, y me tranquiliza, no nos podrán encontrar allí.

De repente tengo la sensación de que algo no encaja, su rostro sigue siendo orgulloso, idéntico al de la estatua, pero ahora sus ojos brillan con la diversión de un niño travieso que ha recuperado sus juguetes.
Me felicita por la labor desempeñada, trata de reconfortarme por haber superado el ultimátum, por haber ganado más tiempo, quizás por haber prendido la llama definitiva, pero solo logra que mi conciencia chille que algo no encaja.

Y se gira a la estatua, señalando al cielo, cediendo a un pequeño arrebato de furia.

- ¡¡¡¡TE HBRAS REIDO, VERDAD????, pues disfruta del espectáculo, por dudo que me queden ganas de repetirlo!!!!

Perplejo, me quedo congelado observándolo, y el con una mueca de desprecio, como si se hubiera quitado una mascara de mármol me explica que no es un ángel, aunque lo fue, pero que rechaza la servidumbre que nosotros habíamos aceptado, y me cuenta una historia mas vieja que las estrellas.



Al amanecer salgo de allí dando tumbos, incapaz de preocuparme por evitar los controles de seguridad, pues en realidad he sido profeta del diablo.

Tras milenios de lucha, en su pequeña partida de ajedrez logró la victoria, consiguió sembrar la perdición en los corazones de la humanidad, haciendo que toda la tierra firmara el contrato definitivo por sus almas a cambio de los avances tecnológicos que resolverían todos nuestros problemas sin posibilidad de fallo.
Tan perfectos que no tenían fisuras, sellos inviolables que nos encerraron entre fríos metales, consiguiendo no solo las almas, sino también los cuerpos y las voluntades, transformando la tierra en el infierno mismo.

Pero eso acabo también con su pequeña rebelión iniciada hace tanto a las puertas de la ciudad de plata.

Cuando el ángel dador de luz cayó a las tinieblas se negó a la servidumbre para seguir su propio camino, uno que ahora el mismo había cercenado.

La perdida de voluntad de los hombres también acabo con su capacidad para infligir normas, para procrear, para alimentar sus eternas calderas, que hacia tiempo se apagaron.
Tenia gracia, su gran triunfo condenó a la tierra y congeló al entonces inservible infierno.

Roto el juguete se acabó la diversión, necesitaba una chispa que invirtiera la polaridad del espejo, de la cósmica balanza que regia hasta los poderes divinos.
Un rasgo de humanidad pura que devolviera sus virtudes, a cambio de la posibilidad de caer de nuevo.

Por mi obra los hombres volverían a soñar, y con ello amarían y desearían, y con el deseo vendría la ambición, y a partir de ahí las manzanas podridas pervertirían los sueños....

2 comentarios:

Ada dijo...

El sacrificio de uno en pos de la vida de muchos, de recuperar lo perdido o lo olvidado o simplemente lo adormecido por temor a despertar la esperanza. Supongo que los sueños bien valen la condena.
Besos.

Kaos Baggins dijo...

sacrificios, perdidas, a veces dependen tanto de donde se este mirando....

y al final, la oscuridad no se podria definir sin luz, ni la luz sin las sombras