domingo, 21 de diciembre de 2008

Romper un espejo da 7 años de mala suerte

Lunes, 7:30 de la mañana.
Con los ojos doloridos por el sueño me encamino al espejo, resignado al agua fría que despeje mi cabeza y engañe al sopor para un nuevo día, “ilusionado” por la rutina habitual, ducharme afeitarme, el traje, la oficina...
En fin, vayamos paso a paso que luego nos aturullamos.

Un vistazo al espejo devuelve una imagen francamente deplorable..... ummmm... ¿acabo de sonreír? Espera, creo que el sueño me esta jugando una mala pasada, ¿desde cuando tengo esa mueca de malicia? Por que mira que me queda como una patada.

Espera, me estoy yendo de vuelta a la habitación, llamando a Diana, pero eso es imposible, por supuesto debo estar soñando, y mas bien parece una pesadilla, el caso es que veo delante mío el baño con todo lujo de detalles, aunque un poco como si lo viera a través de un cristal, y en cambio al mirar a mi alrededor, es como si hubiera lagunas.
Es increíble lo que podemos llegar a soñar, aunque me resulta extraño, todo demasiado real.

Y ahora vuelvo a entrar, después de un apasionado beso con Diana en la puerta del baño. Otra vez esa insidiosa sonrisa tras cerrar la puerta, y de repente empiezo a hablar, bueno, mi reflejo, el que ha sido capaz de salir, ¿por que yo me he quedado mientras aquí parado? Pero no mira al espejo, al menos no directamente, no logro verme los ojos.

Espero que no te lo tomes a mal, no es nada personal, tan solo me encontré atrapado hace años como tu, en otro espejo, y cuando hoy he podido saltar al tuyo y colarme en tu cuerpo he visto la luz.

No intentes salir del baño, tu terreno ahora mismo es el reflejo que se ve allí, y desde luego no tengo intención de contarte como dar el salto, ya lo descubrirás si eres listo dentro de tiempo, el suficiente para estar alejado de ti, ahora lo mejor es que te tape con esta toalla y convenza a tu novia de cambiar el espejo.
Bueno, quizás fuera mejor llamarla “mi novia”, ahora que estoy en tu cuerpo, y por cierto, que tienes buen gusto chaval, tiene un culo de infarto. Eso ya lo sabes, pero te lo agradezco, ya que ahora disfrutare de ella a menudo.

No puedo creer la pesadilla que está generando mi cabeza, debo dejar el vino por las noches, pero cuando tapo... tapa.... ¡lo que fuera!, cuando la toalla cubre el espejo, lo hace hacia mí, dejo de ver el baño, y siento caer la tela sobre mis hombros, puedo notarla en mi espalda, y sin embargo no logro apartarla, como si fuera una cortina de acero.

Esto es una locura, es imposible, me despertare pronto, y solo quedará el sudor frío en mi espalda, aunque cada palabra que escucho fuera sea una tortura.
Esa cosa, ese “ladrón” se regodea haciendo el amor con ella en el mismo baño contra la pared. No, no la conoce, eso no es hacer el amor, la esta fallando, la esta violando aunque ella disfrute, consienta, creyendo que soy yo, y cada jadeo se clave en mi corazón, las exclamaciones, los gritos de placer me vuelven loco y solo puedo llorar, chillar sin que me oigan.

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Ese bastado no ha logrado convencer a Diana para deshacerse del espejo, a fin de cuentas estaba nuevo y ella es muy supersticiosa, como atreverse a romper en pedazos un espejo así. Gracias a dios por esas supercherías que tantas veces la critiqué.

Mi ladrón particular ha conseguido en cambio trasladar mi encierro al trastero, lejos de peligro pero también apartado de cualquier escapatoria, convirtiendo mi mundo en un revoltijo de bicicletas, libros polvorientos que ni siquiera puedo abrir y el vacío de la soledad.

De vez en cuando baja hasta aquí, no se si como penitencia por lo que ha hecho o para regodearse, por que aunque suele disculparse, después me martiriza contándome con todo lujo de detalles sus aventuras con “mi novia” en la cama, incluso el muy sádico me enseño la lencería que la había comprado y relato como la había dado placer en el probador de una tienda, viciándola en practicas morbosas en publico.
También me describe como la pone los cuernos con cada joven que consigue que caiga en sus garras, haciéndome daño en la forma en que se lo hace a ella, lo único que me queda en el mundo real.
Después suele irse entre carcajadas crueles.

Vuelvo a oír el ruido de la puerta, y entra ella, tan bella y radiante como siempre, se me ocurre que podría escapar de aquí si lograra que se miré en el espejo y saltar como me ocurrió aquel día, pero de inmediato me doy cuenta que seria condenarla a la misma tortura, encadenarla a ser un reflejo vacuo sin vida autentica.

Entre mis dudas dejo escapar el momento en que se mira para colocarse el pelo, supongo que al mirarse se ha visto a si misma, que hubiera podido saltar, pero que los remordimientos me lo han impedido.
Y de repente caigo en el error, si hubiera saltado después solo habría necesitado obligarle a mirarse en el espejo, lo que tanto evita, y nos devolvería a ambos a la normalidad, pero lo he pensado tarde, ella ya se dispone a salir empujando la bicicleta.

Al abrir la puerta le veo llegar, insistiéndola en que no hacia falta que bajara, que ya se habría encargado él, por supuesto para no darme opción a escapar.
Al salir me dirige una mirada furibunda mientras la soba el culo, regodeándose en el mensaje, no permitirá otra oportunidad como esa.

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Un mes después me encuentro hastiado de todo y al mismo tiempo privado de un final que también ha pasado por mi cabeza, ni tan siquiera el suicidio esta a mi alcance.

Ruidos en la puerta indican que alguien entra, de forma apresurada, descuidada.
Al entrar la luz distingo dos figuras besándose apasionadamente, hombre y mujer, presuponiendo quienes son. Ese mal nacido parece que tiene intención de restregarme otra vez lo que esta haciendo con mi vida.
No quiero ni mirar, asqueado por todo, cuando de repente un reflejo en sus rostros me hace ver que no se trata de mi torturador, aunque ella si es Diana....
Vaya, parece que la pendiente de perversión por la que la han lanzado la ha llevado a decidir ponerme los cuernos, bueno, mas bien po0nerselos a él, o a ambos, no se como se describiría esto.
Tan solo puedo llorar, impotente por todo lo que tengo que ver ocurrir en mis narices, aunque ellos seguramente se verían a si mismos.

Al terminar ella se arregla y sale picara, pidiéndole que espere unos momentos y salga con cuidado.

Le veo arreglarse la ropa y empezar a peinarse, cuando repara en el gran espejo de baño apoyado en el suelo.
Se acerca a mi, comprobando como ha quedado el pelo, es el momento de huir, sin remordimientos esta vez.

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El conocimiento de la aventura de Diana me ha sido muy útil las ultimas semanas, con un poquito de la astucia que me falto hace tiempo he averiguado que estaba harta de las costumbres sádicas de mi impostor, motivo por el que no me costó convencerla para fugarnos, desinhibida por este tiempo de lujuria, convertimos la huida en una luna de miel sin fin, entregados a la pasión.

El espejo lo trasladé con cuidado a su lugar original en el baño, con cuidado de no mirar mi reflejo a los ojos, percatándome con regocijo que el nuevo espejo era muy parecido tanto que posiblemente nadie se daría cuenta hasta mirarlo con detenimiento, cuando sería tarde.

Le expliqué al nuevo cautivo lo suficiente, que debía esperar a que el dueño de la casa se mirara al espejo para huir saltando.
Se que no me creerá de primeras, pero le insistí lo suficiente, a fin de cuentas la propia realidad de verte allí encerrado sería suficiente para cometer acto `por irracional que pareciera.

Las instrucciones incluían de forma estricta que una vez lograra saltar debía romper el espejo en mil pedazos. Desconozco si lo habrá logrado, pero no me iba a quedar a esperar, ni mucho menos conozco el efecto que tiene la rotura pero espero que lo acabe con esa maldición para siempre.

Diana se acerca a la piscina con dos caipirinhas en la mano, a veces confiesa que hecha de menos al tipo con el que casó, pero que se volvió medio loco, y que yo le recuero a él al principio..... si supiera toda la historia.

1 comentario:

La cónica dijo...

No pienso mirarme al espejo en tu casa. No quiero ver qué hay al otro lado.

Buena historia!