jueves, 28 de junio de 2007

El lamento de unos tristes ojos

Desde mi posición, sentado en una de las mesas próximas a la entrada y recostado en una de las falsas columnas, podía divisar todo el patio del club, donde se mezclaba la gente que se mecía arrullada por los suaves lamentos del violín, con las animadas charlas de negocios, en su mayoría turbulentos, tanto por su naturaleza como por la bruma que los envolvía, producto de los múltiples puros, símbolos de un nuevo trato sellado.

Siempre solicitaba aquella mesa, desde luego no era la que mejor vista ofrecía del escenario, oculto en parte, pero con una posición acústica extraña y casualmente privilegiada, además de ser la única que unía su perspectiva del resto de la clientela con el hecho de quedar prácticamente invisible a miradas indiscretas una vez apagaban las luces y comenzaba el espectáculo.
Y debía ser el único que se había percatado de tal situación pues siempre estaba disponible, o tal vez el bueno de Mickey no la reservaba a nadie más.

Había sobrevivido a los tiempos duros gracias a este local y ahora que la rueda giró para él y todos sus negocios navegaban viento en popa seguía cuidándolo como su talismán mas preciado.
Sabia de todos los tratos oscuros que se realizaban en aquellas mesas, pero los consentía bajo condición de que dejaran limpio de toda macula aquel terreno neutral, nada de armas, nada de drogas, nada que pudiera alterar el estatus quo de su niña mimada.

Al pasar la camarera la pedí un vaso de agua con hielos, sin dejar de admirar su culo, y el magnifico gusto del bribón reclutando al personal. Ya con el vaso en la mesa vertí el whiskey de mi petaca hasta casi rebosar, como tantas otras veces.
No es que salieran rentables mis visitas, pero nuestra relación venia de lejos, cuando le ayude a limpiar aquella cloaca y a convertirlo en una pequeña suiza, refugio no solo para gangsters de baja estopa, donde al menos les teníamos vigilados, sino también santuario de soplones y colaboradores.

Aunque costo algunas narices y varios brazos, allí localice a Jimmy, el soplón mas productivo que he conocido y que aun surte buenas informaciones, aunque esa vil rata cada vez exija pagos mas cuantiosos.
Pero esas historias pertenecen al pasado, y los focos me recuerdan que estoy divagando cuando se concentran en la única parte del escenario que diviso sin problemas, donde se perfectamente que se ubicara ella tras los primeros acordes del piano, para acompañarlo con la voz más triste que haya escuchado jamás.

El caso es que hoy he recorrido la carretera desde New Jersey hasta Morristown tan solo por ella, y por su llamada, reclamando mi ayuda.
Se perfectamente que mi corazón podría no resistir otro embate como el de entonces, cuando ella se caso con aquel palurdo que hizo fortuna en las apuestas.
Ja!, como si hubiera alguien que no viera que aquellos billetes estaban manchados de sangre... Nadie recibe la caricia de la fortuna eternamente.

Lamentablemente compruebo que su voz no ha perdido en estos años un ápice se calidad, ni su cuerpo de sensualidad, y me sumerjo en las olas de la música, casi hasta el final, que reconozco, por que siempre se trata de la misma canción. Nuestra canción, una daga al rojo vivo que se clava en un corazón muerto.

Irritado la espero de pies en la barra charlando de nimiedades con el barman, como los Nets pueden tirar otra temporada y deseando lo peor a los insufribles vecinos de la gran manzana.
Golpeo con el vaso en la madera, y pido que lo rellene de tequila otra vez, esperando que el exceso alivie la opresión que siento en las plateadas sienes, cuando una mano de terciopelo se posa encima, acariciando mi brazo hasta tapar el vaso.

- Preferiría que estuvieras sereno, a ser posible, si es que me vas a ser de alguna ayuda

La brisa de su voz en mi oído provoca un incendio en mi cerebro que trato de sofocar con la máxima velocidad posible para no convertirme en su lacayo.

- No recordaba que te importara mi estado, pero si quieres algo de mi se me ocurren lugares mas cómodos y apropiados. No, no respondas, no hace falta que vuelvas a despreciarme, ya lo hago yo.
Otro tequila.

De un trago vacío de nuevo el vaso, y cumplo con el ritual de golpearlo en la mesa antes de continuar.

- Imagino que es al detective a quien esperabas, lo siento esta de permiso, pero puedo tomarle el recado, ¿cual es el problema? Se te rompió la uña, o le robaron un boleto premiado a tu maridito, siempre puede cobrar otra apuesta, seguro que también la ganaría.
- Entiendo tu recelo hacia el, y el odio que me demuestras, pero esta vez se trata de algo realmente importante.

Empiezan a asomar las lagrimas por la hipnotizadora línea de sus ojos, y debo reconocer que esa cara podría pedirme saltar de un rascacielos y aun así la obedecería.
Pero si no ha aprendido interpretación de las grandes del cine juraría que es sincera, al menos en parte.
Ese pensamiento, que aún me necesite aunque sea como una herramienta, inflama mi pecho, por mas que escuche una voz advirtiéndome.... existirán reglas, siempre existen reglas, nada es regalado, y menos si viene de la serpiente de la serpiente del paraíso, disfrazada de la más bella piel..



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por el aire va flotando la voz de Carita Boronska cantando suavemente los temas de jazzuality



y mientras saco esa vieja petaca, se que aun tiene historias que contar, deudas que saldar, pero esto es lo que se me vino a la cabeza, antes de un vuelo, antes de una jubilación, antes de un mechero de plata, ....

y lo peor es que se acabo el disco sin que yo mismo sepa el final...

PD:New Jersey no es solo la ciudad de Bon Jovi, y donde jugo Petrovic, tambien Morristown es un guiño, para aquellas visitas que espero que se sientan a gusto y repitan paseo

2 comentarios:

La cónica dijo...

Vuelve el detective alcoholizado. Lo he visto durante todo el relato. A él y al local. Bravo por eso.

Yo también me acordé de su petaca.

Es un clavo ardiendo, a lo que se agarra uno cuando dejan de quererlo por lo que es y se queda para casos de necesidad. Las historias incompletas son las mejores. Las más parecidas a la realidad. Las que se dejan retomar.

Ahora, con más tiempo, me pasaré más por aquí, y ese gatito no estará triste.

Besos mil. Amargos no.

Kaos Baggins dijo...

el gatito lo agradecera,
mi cuaderno tambien agradecera que siga llegando pronto a las reuniones de trabajo y me pare en la cafeteria tranquilamente a escribir un rato jejejeje