martes, 19 de junio de 2007

Los copos de nieve se derritieron sobre su cabeza

La caída de la noche sorprendía a la ciudad, mitigando tan solo en parte su bullicio, y permitiendo a la gente un respiro del calor estival para sentarse en las terrazas, donde disfrutar de momentos más relajados que aquellos con los que martiriza el ajetreo diario.
El mundo asomaba a la vida, rindiendo culto a la soberana luna, que presidía en su plenitud el cielo oscuro, rivalizando en esplendor con las luces urbanas.

Desde la mesa más apartada y cobijada por las sombras de los árboles, Marie observaba las placidas aguas del lago, ausente ya de las barcas de enamorados, en las que su mirada siempre se clavaba buscando el rostro de Pierre.

Hacía una eternidad que su recuerdo la atormentaba con épocas más felices, donde podía disfrutar del tierno abrazo del sol, y de él. Ahora en cambio, solo disponía del refugio de la noche y las imágenes que guardaba su memoria.

Mientras se despejaba de las ensoñaciones, unos chiquillos empezaron a jugar a su lado pero rápidamente algo les hizo alejarse, el ancestral instinto de conservación que hace saber a las ovejas que la visión de un lobo no es augurio de buenos tiempos.
Se acercaba la hora en que empezar a cuidar de su supervivencia, terriblemente cansada con el peso de siglos de lagrimas sobre sus delicados hombros.
Poca gente se encontraba sola, la mayor parte tiernas parejas, y algún que otro grupo más numeroso, hasta que por fin divisó otra mesa donde una solitaria joven acababa de calarse las gafas para iniciar la lectura de un grueso volumen en francés junto a una horchata.

El halcón acechó a su presa, aproximándose de forma sosegada para no alertarla, hasta que una vez a su lado, pidió permiso para sentarse, y utilizar la excusa del idioma, que resulto ser el nativo de la incauta Nairah, para iniciar una conversación trivial.

Natural de los alrededores de Paris, la joven estudiante se ilusiono al escuchar su idioma en tierra extraña, y relajó defensas que la hubieran resguardado de amenazas más temibles que la soledad.

Marie vaciló durante algunos momentos, viéndose reflejada en la inocencia que ella perdió hacia ya tanto tiempo, escuchando historias de lugares familiares y de un amor ahora distante, pero tan apasionado como el que ella misma disfrutó.
Como aquella lejana noche, decidió dejar que el tiempo decidiera y disfrutar de la compañía, aunque la que entonces fue presa ahora interpretara a la cazadora.

Risas y alcohol aderezaron una noche que empezó en la paz de un parque y concluyo en una cama revuelta, donde las sabanas trocaron en llamas ardientes entre ambas mujeres.
Dulce y desconcertada al principio, Marie disfruto de la velada y de la pasión, una emoción tanto tiempo vetada por sus miedos y las consecuencias que por su propia naturaleza siempre acarreaba.

Así, permitió relajar su pose de control para abandonarse al deseo navegando por las suaves curvas de su acompañante, descubriendo placeres que desconocía, al menos en tan hermoso envoltorio, hasta que sus propias llamas, inflamadas por la situación fueron tomando dominio de la situación, arrancando y alimentándose del placer de su acompañante.

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Terminada la emoción de la noche, cerca ya del amanecer, reposaban al fin las dos, con la cabeza de Nairah sobre su pecho, subiendo y bajando al ritmo cada vez más acelerado que marca su ansia.
Pese al efecto balsámico que la compañía ha supuesto sobre su espíritu, la sed irrefrenable con la que ha convivido tantos años se iba apoderando irremisiblemente de ella.

Siempre intentó que sus victimas fueran seres lo más despreciables posible, pero ahora la única victima a su alcance era un ser inocente, que había traído la paz aunque solo fuera por unas horas a su atormentada existencia.

Tristemente, conocía el remedio para el fuego que ardía en su corazón, el mal sin cura que la atormentaba. Tan solo unas gotas de la sangre que corría por su cuerpo y podría calmar el sufrimiento, pero eso la condenaría de igual forma. Jamás tendría el valor de mirarla a los ojos sin recordar el daño causado, al igual que ocurrió con el dulce Pierre, antes de comprender por completo la maldición que la perseguía.
Casi sería mejor saciar su sed, aunque marchitaría una flor de inmensa belleza, seria un final lento e indoloro, pero no podía cercenar las alas de un angel, no despues de haber compartido esa noche de magia.

Se levantó con cuidado de no despertarla, y escribió una rápida nota mientras al otro lado de la hermética persiana sabía que despertaban los primeros rayos.
Plegó el papel sellándolo con sus labios y las lágrimas del dolor, disponiéndose a levantar la persiana que dejaría pasar la luz, logrando la paz que tanto había ansiado, aunque la temiera por significar el olvido, y es que durante el tiempo lo único que salvo su cordura fueron los recuerdos de remotos tiempos felices.

Cuando Nairah despertó solo pudo ver el montón de cenizas delante de la ventana. Lamentando no haber podido confesarla la noche anterior que entendía su naturaleza, que se había percatado de su condición de nosferatu, y que aún así se había abandonado en sus brazos.
Con la tristeza manejando sus actos, recogió las cenizas en una vasija, junto a la nota, y tomó la firme determinación de que al volver a Paris trataría de localizar a Pierre, si es que aún existía para hacerle entrega de sus restos y que sus almas pudieran al fin descansar en paz.


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Es la tercera vez que los colmillos de Marie se cuelan por mi cabeza, y pese al final dudo que sea la ultima, por lo viva que es su imagen
Ademas, suya fue la primera historia que aparecio por aqui, asi que siempre tendra un hueco

2 comentarios:

Absurdo Rutinario dijo...

Me gusta la decisión final. El giro frente a lo previsible. pero al hablar de la nota tan sólo unas líneas antes se desvela un poco lo que pretendías hacer. Es como retirar un poco la cortinilla para dejar ver la luz que te espera.

Aunque en este caso te convierta en cenizas.

Oye, pues me ha gustado. Y la imagen de vampiros en París es muy, no se, ¿poeticamente terrorífica?

Abrazos.

Kaos Baggins dijo...

errrr, tienes razon, la nota canta un poco, pero es que ese no era el final con el que empece....
Nairah posaba su mano suavemente en el hombro, confesaba conocer su naturaleza y pretendia ayudarla a buscar a Pierre.... pero se paso una imagen por mi cabeza, una cancion adecuada por los cascos y todo termino asi.....
bueno, no creo que haya terminado, me estoy dando cuenta que soy recurrente con mis personajes, y si esa imagen no abandona mi cabeza volvera, aunque ni yo se en que estado jejeje