domingo, 11 de enero de 2009
A la luna le gusta el blues
Inundaban el aire los lamentos de su vieja guitarra, notas desafiantes y luchadoras, con ansias de vida propia, pero que para el oyente casual encajaban la perfección en su ronco murmullo.
Si el diablo incendiara la tierra, este sería el primer lugar o el ultimo rincón en ser consumido, en función de que le gustara el blues.
Sentado bajo el carcomido poste de carretera, con el atardecer a su espalda y escoltado por los caminos que llagan al cruce, vio pararse a su lado un coche, demasiado rojo, demasiado escandaloso, conducido por una preciosidad de piel canela, escondida tras unas enormes gafas de sol, que a duras penas tapaban las marcas y lagrimas.
La mujer, a punto de abrir la boca escucho la contestación a sus preguntas:
-Seria mejor fundir el dinero del maletero, cambiarlo de forma que no te puedan localizar, o mejor aún, tirar las cenizas al mar, por muy valioso que sea – Continuó sin levantar la vista ni dejar de tocar las tristes notas - Aun así, si deseas continuar tu viaje, 2 kilómetros al oeste encontraras un motel donde pasar la noche, pero te aconsejo darte prisa en llegar a la costa, y luego coge a tu familia y mudaros a algún sitio tranquilo, no querrás estar localizable durante un tiempo.
El asombro apenas dejo espacio para la creciente furia por que el anciano conociera tanto de sus propósitos.
Trató de replicar, de negar todo, pero una mirada de aquellos ojos, bastó para congelarla, pausando por un instante imperceptible los gemidos de las cuerdas.
Cuando la suave cadencia volvió a inundarlo todo, ya ninguna palabra tenía sentido, tan solo tomar el volante y dirigirse carretera adelante.
Mientras el coche se alejaba desapareciendo en la nube de polvo del camino, el anciano entono los últimos acordes, dando por cerrada la canción con la armónica que había aguardado serena en el bolsillo.
En paz con el viento y las nubes procedió a guardar su instrumento.
-Me gustas, preciosa, tan rebelde e inconformista que me recuerdas a mi mismo hace demasiado tiempo. Suerte en tu viaje, aunque creo que no la necesitaras, hay sendas que se recorren mejor tomando las cosas con decisión, sin confiar en la traicionera fortuna....
Una llamarada ilumino repentinamente el crepúsculo y el cruce quedó vacío de nuevo, sin rastros de que nadie hubiera pasado por allí en años.
A la mañana siguiente la policía encontró al marido muerto, con el mástil de una vieja guitarra partido y atravesando su corazón. Sin rastro alguno del dinero ni de su mujer.
Había sido lista y tras huir siguió los consejos del anciano, pero parece que el infierno tenia un rincón reservado para aquel que la había estado golpeando durante años.
sábado, 10 de enero de 2009
Jugando a fallar
Pese a lo que nos enseñan, el mundo no rota de forma uniforme, de hecho acabo de notarlo girar bajo mis pies, justo cuando me empezaba a adaptar al escenario, para así cambiarlo.
Jugando como un trilero con el destino, sin dar elección alguna.
Dulce o salado, dilema trivial que troca en trascendental según el trasfondo para luego diluirse entre unos dedos demasiado acostumbrados a las perdidas.
Intento usar mis reglas, sin atajos ni ventajas dolorosas, pero es difícil saber que la mejor elección es a la vez la peor.
Giran los cubiletes, y en esta partida pierde quien encuentra la ficha ya dentro de uno de ellos, y aun así, siempre la encuentro.
Vuelvo a notar que el mundo gira otra vez, y esta vez no tengo ni idea de que me encontraré, aunque me lo tema.
jueves, 8 de enero de 2009
Soñando posibles realidades
Soy tan mal mentiroso que no soy capaz
de engañarme a mi mismo,
intento venderme una moto
y termino conduciendo en coche,
y cuando por fin veo el vaso medio lleno
en un descuido me lo bebo
y se queda totalmente vacío.
Necesitaría un manual de instrucciones
para así al final vencer los miedos
y maullarle a la luna antes que se esconda.
Meto la mano en el saquito de campanilla
y la soplo llenándolo todo de dorada neblina,
intentando volar entre sueños,
pero sin despegar los pies del suelo
por si era en realidad la arena de Morfeo.
De nuevo en el borde haciendo equilibrios
dispuesto a saltar directo al loco abismo,
allá donde se reúnen los pétalos caídos.
Que alguien me guarde el paraguas,
Para que no me frene,
Y que aparten la barra con la que me equilibro,
Que ya suenan los dados.
miércoles, 7 de enero de 2009
Las guerras magicas (I): Advenimiento
Los científicos están relativamente acostumbrados a que muchos experimento no obtengan los resultados esperados, la ciencia requiere de mucha experimentación y pruebas fallidas para explorar todas las posibilidades.
Tampoco son ajenos a las casualidades y sorpresas, no en vano, una gran cantidad de grandes descubrimientos han provenido en la historia de accidentes y experimentos que buscaban cosas muy alejadas.
Incluso las catástrofes son algo con lo que se debe convivir demasiado a menudo en el trabajo de laboratorio.
Pero si hay algo que podía acabar con los nervios templados en mil y un experimentos de Phillip Lance Silverlake, jefe de los laboratorios a las afueras de Salisbury, era esa roca enorme que repentinamente se había abierto paso a través del suelo, por no decir que una espada reluciente se recortara entre la nube de polvo que inundaba todo el espacio.
La gente Coria de un lado a otro, sin mucha idea de lo que hacían, tan solo alejarse del fenómeno, liberar tensiones y pretender retomar el control de unas vidas momentáneamente suspendidas en la incertidumbre.
Desde luego, no se puede decir que la situación de las comunicaciones favoreciera que el personal recobraba la calma, sin que el teléfono diera señal, los interfonos impedían alertar a los miembros de seguridad, y el panel de alarmas brillaba como si fuera un árbol de navidad, avisando de situaciones absolutamente imposibles, sobre todo por que salvo el destrozo evidente, todas las demás piezas de experimentos estaban en una absoluta e imposible tranquilidad, como si los efectos científicos se hubieran detenido, aguantando la respiración en espera de acontecimientos.
Quizás debían ser 5 minutos de caos absoluto lo que llevaban sufriendo, pero su reloj se había pasmado, clavado en el mismo instante que todo se fue por el desagüe.
Ajeno a los infructuosos intentos de sus compañeros, se dirigió impasible al exterior, donde el dantesco espectáculo cobraba tintes aun mas descabellados, con ultramodernos automóviles estrellados en los árboles y otros que se tambaleaban erráticos sobre la calzada.
El mismo edificio, ultima vanguardia de la inteligencia aplicada, y que prácticamente hubiera sido capaz de operar y funcionar sin intervención humana parecía herido de muerte, emitiendo sus quejas en forma de columnas de humo y multitud de zumbidos y pitidos.
La garita del viejo guardia del parking había constituido un afrenta en la inmaculada presencia del recinto, único recinto sin conexión a Internet, ¡ni tan siquiera instalación eléctrica!.
El escocés encargado de la entrada de coches, terco como una mula se resistía a los avances del mas elemental sentido común, y cada vez que se había intentado tender el cableado eléctrico aparecía misteriosamente averiado, robado por los sin techo o incluso mordido por una cabra, que sabe dios y las malditas gaitas como habría llegado allí.
Sin embargo, ese vetusto cuartucho, era la única insignificante construcción que en estos momentos parecía encontrarse en paz consigo misma, tan ajena al resto del mundo como lo había estado en otros tiempos.
Al asomarse se encontró al veterano guarda escuchando la cochambrosa radio a pilas que solo sintonizaba AM, su única concesión al mundo tecnológico, como si del santo grial se tratase.
De forma más entrecortada de lo habitual, la radio trataba de explicar un panorama irreal, en el que toda la tecnología estuviera fracasando, como si los electrones se hubieran declarado en huelga, rebelándose a la cohesión de la materia.
Siglos de raciocinio se estaban diluyendo, mientras el periodista alertaba a quien pudiera escucharle que se alejaran de cualquier aparato electrónico del que dependieran su integridad.
Era dudoso que los avisos sobre aviones estrellados, satélites inoperativos o internet apagada tranquilizaran a alguien. Demonios, si los microondas nos estaban recordando lo mucho que dependíamos de ellos.
Atónito, el científico se vio absorbido por las noticias, que ni siquiera sabían cuanto durarían, la FM había desaparecido hacia minutos, y la AM empezaba a perder alcance, mientras las pilas iban dejando patente su falta de operatividad, en el volumen decreciente del aparato, hasta quedar en silencio.
Arthur McAllister, señor de aquella garita, y responsable supremo de la subida y bajada de un listón de madera, previa visión de un pedazo de plástico, se levanto, visiblemente dolorido de sus articulaciones, atusándose una barba blanca y desaliñada, pero con los ojos clavados en el moribundo edificio acristalado que resguardaba.
Sus pasos, temblorosos por simples motivos de capacidad física de su maltrecho cuerpo, pero visiblemente decididos en espíritu se encaminaron a la puerta, sin ser estorbado por la marabunta de gente que huía despavorida, todavía tratando de utilizar sus inútiles móviles.
Phillip no podía creer todo lo que estaba sucediendo, la información que llegaba a su cerebro era improcesable para sus neuronas entrenadas y disciplinadas.
Años de tamizar probabilidades y datos, extrayendo realidades y desechando sueños, para llegar a un escenario producto de su peor pesadilla, y allí estaba él, bloqueado mirando aquella puerta como si estuviera esperando el santo chip de silicio dispuesto a reparar los dogmas de la ciencia en comunión con un cáliz de compuestos químicos.
Sin embargo, nada, ni sus más locos y enterrados sueños de adolescencia le hubiera podido preparar para ver salir la figura de un hombre orgulloso, de rubia barba y ataviado como una mala película de época, con reluciente cota de mallas y adornado por los símbolos de la arcana Bretaña en su pecho.
Pero sobre todo, en su mano la espada que tantos gorilas de seguridad trataran de separar de una roca en su laboratorio hace ¿minutos, horas, vidas,...?
Y sus ojos, orgullosos, en un cuerpo fuerte, pero que inconfundiblemente habían sido propiedad de su antiguo guarda del parking.
Los meses siguientes no arreglaron la situación, la ciencia y la tecnología los habían abandonado, huyendo despavoridos ante la resurrección de la magia en el mundo.
Donde sino en las afueras de Salisbury, cerca del místico Stonehenge podría haber sucedido el advenimiento de la nueva era de la magia.
lunes, 5 de enero de 2009
La noche del cazador
La luna trataba de resplandecer entre la bruma, pálida y triste por no poder contemplar más que a la niebla, sin poder disfrutar de esos pequeños locos que tanto la entretienen.
Con la humedad calando sus huesos, el lobo olfateaba el rastro, ansioso de alcanzar su presa, aquella que llevaba persiguiendo desde que se cruzara con ella en una lejana ciudad, en otra forma y otro ambiente.
Ahora se encontraba ciego al privársele la luz de la eterna joya celeste, e inútil la orientación en un paisaje reducido a poco más de medio metro, sin referencias ni distancias.
Su cacería le había llevado por media Europa, evitando toparse con nadie, y alimentándose fugazmente, obsesionado por su pelo rubio y aquellos ojos capaces de mandar un alma directa al infierno.
Por fin el suave aroma de aquella que le cautivo terminaba en la puerta de aquel hotel, quizás antaño lujoso y rodeado de flashes, pero hoy desvencijado por las bromas de la memoria.
No tenia mucho tiempo, ahora que conocía su paradero debía salir a la luna, buscar un claro en algún lugar elevado, y aullarla suplicante. El orgullosos lobo lamentaría su suerte para que la arcana dama le prestara su favor y así salir al encuentro del amor.
Cuando la joven salió de la recepción del hotel no tenia muy claro donde podría cenar en aquella desapacible noche, pero la visión de un apuesto joven en la puerta, sonriéndola como si la esperara la perturbó más de lo necesario, sin resistencia a sus ojos de depredador se rendiría sin remisión a su magnetismo, a una noche de vino y velas, sabanas ardientes y besos apasionados.
Quien sabe si a la mañana siguiente podrían volver a verse, ninguno de los dos podría mantener sus promesas de amor eterno, pero la pasión de la noche marcaría sus corazones a fuego, y en un ciclo lunar, sin importar brumas, distancias o lugares, el lobo perseguiría de nuevo a su presa, como tantas veces antes.
Desde aquella primera vez estaban encadenados, y mientras la caprichosa luna otorgará sus favores al cazador, ella aceptaría ser la presa, aunque solo hasta la cama, donde tal vez tornaran los papeles
martes, 30 de diciembre de 2008
Labios de caramelo
Recojo una lagrima de tu mejilla y veo en ella reflejados tus labios de caramelo, cruel mundo este que es capaz de torcer una sonrisa en lamento, y exprimir dos luceros hasta que caen las gotas de su esencia.
Miedos recorren mi espalda al notar tu voz quebrarse, y haría gritar la guitarra que no se tocar, rodaría por la pendiente que no se esquiar, y bailaría la salsa en la que siempre doy saltitos si pudiera restañar las heridas invisibles.
Reluciente campanilla, toma un diente de león del suelo, y sóplalo con tu última uva alzada, pídele tu deseo a la luna.
Como en la canción, mis doce uvas serán doce soldados, sin tropiezos ni traspiés, que se amotinaran al destino para asaltar el año nuevo y con la misión de cumplir deseos, y como dice la letra, “No hay doce espinas que no traigan con el tiempo alguna flor”.
- - - - - - - - - - - - -
Le vuelvo a tomar "prestada" una canción a los chicos de zamburiel, a los que no me cansaré de recomendar que los escucheis (y a ver si me puedo acercar a otro de sus conciertos), para soplar un deseo al aire con este texto y su dedicatoria especial, y la esperanza de que los caminos no nos cambien, y el 2009 muestre sendas libres de niebla y que campanila disfrute su vestido dorado, y ya puestos a pedir, que me deje verlo :)
Miedos recorren mi espalda al notar tu voz quebrarse, y haría gritar la guitarra que no se tocar, rodaría por la pendiente que no se esquiar, y bailaría la salsa en la que siempre doy saltitos si pudiera restañar las heridas invisibles.
Reluciente campanilla, toma un diente de león del suelo, y sóplalo con tu última uva alzada, pídele tu deseo a la luna.
Como en la canción, mis doce uvas serán doce soldados, sin tropiezos ni traspiés, que se amotinaran al destino para asaltar el año nuevo y con la misión de cumplir deseos, y como dice la letra, “No hay doce espinas que no traigan con el tiempo alguna flor”.
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Le vuelvo a tomar "prestada" una canción a los chicos de zamburiel, a los que no me cansaré de recomendar que los escucheis (y a ver si me puedo acercar a otro de sus conciertos), para soplar un deseo al aire con este texto y su dedicatoria especial, y la esperanza de que los caminos no nos cambien, y el 2009 muestre sendas libres de niebla y que campanila disfrute su vestido dorado, y ya puestos a pedir, que me deje verlo :)
domingo, 21 de diciembre de 2008
Romper un espejo da 7 años de mala suerte
Lunes, 7:30 de la mañana.
Con los ojos doloridos por el sueño me encamino al espejo, resignado al agua fría que despeje mi cabeza y engañe al sopor para un nuevo día, “ilusionado” por la rutina habitual, ducharme afeitarme, el traje, la oficina...
En fin, vayamos paso a paso que luego nos aturullamos.
Un vistazo al espejo devuelve una imagen francamente deplorable..... ummmm... ¿acabo de sonreír? Espera, creo que el sueño me esta jugando una mala pasada, ¿desde cuando tengo esa mueca de malicia? Por que mira que me queda como una patada.
Espera, me estoy yendo de vuelta a la habitación, llamando a Diana, pero eso es imposible, por supuesto debo estar soñando, y mas bien parece una pesadilla, el caso es que veo delante mío el baño con todo lujo de detalles, aunque un poco como si lo viera a través de un cristal, y en cambio al mirar a mi alrededor, es como si hubiera lagunas.
Es increíble lo que podemos llegar a soñar, aunque me resulta extraño, todo demasiado real.
Y ahora vuelvo a entrar, después de un apasionado beso con Diana en la puerta del baño. Otra vez esa insidiosa sonrisa tras cerrar la puerta, y de repente empiezo a hablar, bueno, mi reflejo, el que ha sido capaz de salir, ¿por que yo me he quedado mientras aquí parado? Pero no mira al espejo, al menos no directamente, no logro verme los ojos.
No puedo creer la pesadilla que está generando mi cabeza, debo dejar el vino por las noches, pero cuando tapo... tapa.... ¡lo que fuera!, cuando la toalla cubre el espejo, lo hace hacia mí, dejo de ver el baño, y siento caer la tela sobre mis hombros, puedo notarla en mi espalda, y sin embargo no logro apartarla, como si fuera una cortina de acero.
Esto es una locura, es imposible, me despertare pronto, y solo quedará el sudor frío en mi espalda, aunque cada palabra que escucho fuera sea una tortura.
Esa cosa, ese “ladrón” se regodea haciendo el amor con ella en el mismo baño contra la pared. No, no la conoce, eso no es hacer el amor, la esta fallando, la esta violando aunque ella disfrute, consienta, creyendo que soy yo, y cada jadeo se clave en mi corazón, las exclamaciones, los gritos de placer me vuelven loco y solo puedo llorar, chillar sin que me oigan.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Ese bastado no ha logrado convencer a Diana para deshacerse del espejo, a fin de cuentas estaba nuevo y ella es muy supersticiosa, como atreverse a romper en pedazos un espejo así. Gracias a dios por esas supercherías que tantas veces la critiqué.
Mi ladrón particular ha conseguido en cambio trasladar mi encierro al trastero, lejos de peligro pero también apartado de cualquier escapatoria, convirtiendo mi mundo en un revoltijo de bicicletas, libros polvorientos que ni siquiera puedo abrir y el vacío de la soledad.
De vez en cuando baja hasta aquí, no se si como penitencia por lo que ha hecho o para regodearse, por que aunque suele disculparse, después me martiriza contándome con todo lujo de detalles sus aventuras con “mi novia” en la cama, incluso el muy sádico me enseño la lencería que la había comprado y relato como la había dado placer en el probador de una tienda, viciándola en practicas morbosas en publico.
También me describe como la pone los cuernos con cada joven que consigue que caiga en sus garras, haciéndome daño en la forma en que se lo hace a ella, lo único que me queda en el mundo real.
Después suele irse entre carcajadas crueles.
Vuelvo a oír el ruido de la puerta, y entra ella, tan bella y radiante como siempre, se me ocurre que podría escapar de aquí si lograra que se miré en el espejo y saltar como me ocurrió aquel día, pero de inmediato me doy cuenta que seria condenarla a la misma tortura, encadenarla a ser un reflejo vacuo sin vida autentica.
Entre mis dudas dejo escapar el momento en que se mira para colocarse el pelo, supongo que al mirarse se ha visto a si misma, que hubiera podido saltar, pero que los remordimientos me lo han impedido.
Y de repente caigo en el error, si hubiera saltado después solo habría necesitado obligarle a mirarse en el espejo, lo que tanto evita, y nos devolvería a ambos a la normalidad, pero lo he pensado tarde, ella ya se dispone a salir empujando la bicicleta.
Al abrir la puerta le veo llegar, insistiéndola en que no hacia falta que bajara, que ya se habría encargado él, por supuesto para no darme opción a escapar.
Al salir me dirige una mirada furibunda mientras la soba el culo, regodeándose en el mensaje, no permitirá otra oportunidad como esa.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Un mes después me encuentro hastiado de todo y al mismo tiempo privado de un final que también ha pasado por mi cabeza, ni tan siquiera el suicidio esta a mi alcance.
Ruidos en la puerta indican que alguien entra, de forma apresurada, descuidada.
Al entrar la luz distingo dos figuras besándose apasionadamente, hombre y mujer, presuponiendo quienes son. Ese mal nacido parece que tiene intención de restregarme otra vez lo que esta haciendo con mi vida.
No quiero ni mirar, asqueado por todo, cuando de repente un reflejo en sus rostros me hace ver que no se trata de mi torturador, aunque ella si es Diana....
Vaya, parece que la pendiente de perversión por la que la han lanzado la ha llevado a decidir ponerme los cuernos, bueno, mas bien po0nerselos a él, o a ambos, no se como se describiría esto.
Tan solo puedo llorar, impotente por todo lo que tengo que ver ocurrir en mis narices, aunque ellos seguramente se verían a si mismos.
Al terminar ella se arregla y sale picara, pidiéndole que espere unos momentos y salga con cuidado.
Le veo arreglarse la ropa y empezar a peinarse, cuando repara en el gran espejo de baño apoyado en el suelo.
Se acerca a mi, comprobando como ha quedado el pelo, es el momento de huir, sin remordimientos esta vez.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
El conocimiento de la aventura de Diana me ha sido muy útil las ultimas semanas, con un poquito de la astucia que me falto hace tiempo he averiguado que estaba harta de las costumbres sádicas de mi impostor, motivo por el que no me costó convencerla para fugarnos, desinhibida por este tiempo de lujuria, convertimos la huida en una luna de miel sin fin, entregados a la pasión.
El espejo lo trasladé con cuidado a su lugar original en el baño, con cuidado de no mirar mi reflejo a los ojos, percatándome con regocijo que el nuevo espejo era muy parecido tanto que posiblemente nadie se daría cuenta hasta mirarlo con detenimiento, cuando sería tarde.
Le expliqué al nuevo cautivo lo suficiente, que debía esperar a que el dueño de la casa se mirara al espejo para huir saltando.
Se que no me creerá de primeras, pero le insistí lo suficiente, a fin de cuentas la propia realidad de verte allí encerrado sería suficiente para cometer acto `por irracional que pareciera.
Las instrucciones incluían de forma estricta que una vez lograra saltar debía romper el espejo en mil pedazos. Desconozco si lo habrá logrado, pero no me iba a quedar a esperar, ni mucho menos conozco el efecto que tiene la rotura pero espero que lo acabe con esa maldición para siempre.
Diana se acerca a la piscina con dos caipirinhas en la mano, a veces confiesa que hecha de menos al tipo con el que casó, pero que se volvió medio loco, y que yo le recuero a él al principio..... si supiera toda la historia.
Con los ojos doloridos por el sueño me encamino al espejo, resignado al agua fría que despeje mi cabeza y engañe al sopor para un nuevo día, “ilusionado” por la rutina habitual, ducharme afeitarme, el traje, la oficina...
En fin, vayamos paso a paso que luego nos aturullamos.
Un vistazo al espejo devuelve una imagen francamente deplorable..... ummmm... ¿acabo de sonreír? Espera, creo que el sueño me esta jugando una mala pasada, ¿desde cuando tengo esa mueca de malicia? Por que mira que me queda como una patada.
Espera, me estoy yendo de vuelta a la habitación, llamando a Diana, pero eso es imposible, por supuesto debo estar soñando, y mas bien parece una pesadilla, el caso es que veo delante mío el baño con todo lujo de detalles, aunque un poco como si lo viera a través de un cristal, y en cambio al mirar a mi alrededor, es como si hubiera lagunas.
Es increíble lo que podemos llegar a soñar, aunque me resulta extraño, todo demasiado real.
Y ahora vuelvo a entrar, después de un apasionado beso con Diana en la puerta del baño. Otra vez esa insidiosa sonrisa tras cerrar la puerta, y de repente empiezo a hablar, bueno, mi reflejo, el que ha sido capaz de salir, ¿por que yo me he quedado mientras aquí parado? Pero no mira al espejo, al menos no directamente, no logro verme los ojos.
Espero que no te lo tomes a mal, no es nada personal, tan solo me encontré atrapado hace años como tu, en otro espejo, y cuando hoy he podido saltar al tuyo y colarme en tu cuerpo he visto la luz.
No intentes salir del baño, tu terreno ahora mismo es el reflejo que se ve allí, y desde luego no tengo intención de contarte como dar el salto, ya lo descubrirás si eres listo dentro de tiempo, el suficiente para estar alejado de ti, ahora lo mejor es que te tape con esta toalla y convenza a tu novia de cambiar el espejo.
Bueno, quizás fuera mejor llamarla “mi novia”, ahora que estoy en tu cuerpo, y por cierto, que tienes buen gusto chaval, tiene un culo de infarto. Eso ya lo sabes, pero te lo agradezco, ya que ahora disfrutare de ella a menudo.
No puedo creer la pesadilla que está generando mi cabeza, debo dejar el vino por las noches, pero cuando tapo... tapa.... ¡lo que fuera!, cuando la toalla cubre el espejo, lo hace hacia mí, dejo de ver el baño, y siento caer la tela sobre mis hombros, puedo notarla en mi espalda, y sin embargo no logro apartarla, como si fuera una cortina de acero.
Esto es una locura, es imposible, me despertare pronto, y solo quedará el sudor frío en mi espalda, aunque cada palabra que escucho fuera sea una tortura.
Esa cosa, ese “ladrón” se regodea haciendo el amor con ella en el mismo baño contra la pared. No, no la conoce, eso no es hacer el amor, la esta fallando, la esta violando aunque ella disfrute, consienta, creyendo que soy yo, y cada jadeo se clave en mi corazón, las exclamaciones, los gritos de placer me vuelven loco y solo puedo llorar, chillar sin que me oigan.
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Ese bastado no ha logrado convencer a Diana para deshacerse del espejo, a fin de cuentas estaba nuevo y ella es muy supersticiosa, como atreverse a romper en pedazos un espejo así. Gracias a dios por esas supercherías que tantas veces la critiqué.
Mi ladrón particular ha conseguido en cambio trasladar mi encierro al trastero, lejos de peligro pero también apartado de cualquier escapatoria, convirtiendo mi mundo en un revoltijo de bicicletas, libros polvorientos que ni siquiera puedo abrir y el vacío de la soledad.
De vez en cuando baja hasta aquí, no se si como penitencia por lo que ha hecho o para regodearse, por que aunque suele disculparse, después me martiriza contándome con todo lujo de detalles sus aventuras con “mi novia” en la cama, incluso el muy sádico me enseño la lencería que la había comprado y relato como la había dado placer en el probador de una tienda, viciándola en practicas morbosas en publico.
También me describe como la pone los cuernos con cada joven que consigue que caiga en sus garras, haciéndome daño en la forma en que se lo hace a ella, lo único que me queda en el mundo real.
Después suele irse entre carcajadas crueles.
Vuelvo a oír el ruido de la puerta, y entra ella, tan bella y radiante como siempre, se me ocurre que podría escapar de aquí si lograra que se miré en el espejo y saltar como me ocurrió aquel día, pero de inmediato me doy cuenta que seria condenarla a la misma tortura, encadenarla a ser un reflejo vacuo sin vida autentica.
Entre mis dudas dejo escapar el momento en que se mira para colocarse el pelo, supongo que al mirarse se ha visto a si misma, que hubiera podido saltar, pero que los remordimientos me lo han impedido.
Y de repente caigo en el error, si hubiera saltado después solo habría necesitado obligarle a mirarse en el espejo, lo que tanto evita, y nos devolvería a ambos a la normalidad, pero lo he pensado tarde, ella ya se dispone a salir empujando la bicicleta.
Al abrir la puerta le veo llegar, insistiéndola en que no hacia falta que bajara, que ya se habría encargado él, por supuesto para no darme opción a escapar.
Al salir me dirige una mirada furibunda mientras la soba el culo, regodeándose en el mensaje, no permitirá otra oportunidad como esa.
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Un mes después me encuentro hastiado de todo y al mismo tiempo privado de un final que también ha pasado por mi cabeza, ni tan siquiera el suicidio esta a mi alcance.
Ruidos en la puerta indican que alguien entra, de forma apresurada, descuidada.
Al entrar la luz distingo dos figuras besándose apasionadamente, hombre y mujer, presuponiendo quienes son. Ese mal nacido parece que tiene intención de restregarme otra vez lo que esta haciendo con mi vida.
No quiero ni mirar, asqueado por todo, cuando de repente un reflejo en sus rostros me hace ver que no se trata de mi torturador, aunque ella si es Diana....
Vaya, parece que la pendiente de perversión por la que la han lanzado la ha llevado a decidir ponerme los cuernos, bueno, mas bien po0nerselos a él, o a ambos, no se como se describiría esto.
Tan solo puedo llorar, impotente por todo lo que tengo que ver ocurrir en mis narices, aunque ellos seguramente se verían a si mismos.
Al terminar ella se arregla y sale picara, pidiéndole que espere unos momentos y salga con cuidado.
Le veo arreglarse la ropa y empezar a peinarse, cuando repara en el gran espejo de baño apoyado en el suelo.
Se acerca a mi, comprobando como ha quedado el pelo, es el momento de huir, sin remordimientos esta vez.
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El conocimiento de la aventura de Diana me ha sido muy útil las ultimas semanas, con un poquito de la astucia que me falto hace tiempo he averiguado que estaba harta de las costumbres sádicas de mi impostor, motivo por el que no me costó convencerla para fugarnos, desinhibida por este tiempo de lujuria, convertimos la huida en una luna de miel sin fin, entregados a la pasión.
El espejo lo trasladé con cuidado a su lugar original en el baño, con cuidado de no mirar mi reflejo a los ojos, percatándome con regocijo que el nuevo espejo era muy parecido tanto que posiblemente nadie se daría cuenta hasta mirarlo con detenimiento, cuando sería tarde.
Le expliqué al nuevo cautivo lo suficiente, que debía esperar a que el dueño de la casa se mirara al espejo para huir saltando.
Se que no me creerá de primeras, pero le insistí lo suficiente, a fin de cuentas la propia realidad de verte allí encerrado sería suficiente para cometer acto `por irracional que pareciera.
Las instrucciones incluían de forma estricta que una vez lograra saltar debía romper el espejo en mil pedazos. Desconozco si lo habrá logrado, pero no me iba a quedar a esperar, ni mucho menos conozco el efecto que tiene la rotura pero espero que lo acabe con esa maldición para siempre.
Diana se acerca a la piscina con dos caipirinhas en la mano, a veces confiesa que hecha de menos al tipo con el que casó, pero que se volvió medio loco, y que yo le recuero a él al principio..... si supiera toda la historia.
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